
Como siervos llamados a la viña del Señor, entendemos que nadie puede guiar a otros por un camino que no ha recorrido primero; por tanto, el desarrollo espiritual del maestro de escuela dominical no es secundario, sino la base misma de su ministerio docente. De acuerdo con el mandato de la Gran Comisión y nuestro firme fundamento en la inerrancia y suficiencia de las Sagradas Escrituras, el maestro bautista está llamado a cultivar una vida de oración ferviente, comunión constante con la iglesia local y un estudio riguroso de la Palabra de Dios. No enseñamos simplemente para transmitir información intelectual, sino para cooperar con el Espíritu Santo en la transformación de vidas para la gloria de Dios. Este espacio está diseñado para animarte a cuidar tu propio andar con el Señor, recordándote que la eficacia de tu enseñanza en el aula dominical siempre será el desbordamiento de tu devoción privada en el altar familiar y personal.
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